lunes, 17 de agosto de 2009

El pistolero VI



No ha sido fácil dejar el pueblo. Cada vez que pienso en sus ojos, afloran en mi recuerdos que creía enterrados. Me he quedado el arma que me dio, no quiero pensar por qué. Me llaman "el asesino" y voy tras el último hombre que logró herirme. Cuando todo termine... en fin.
El pueblo vecino, que debe albergar una treintena de personas, está muy cerca del de "sor ojos bonitos". Cuando entro en él a lomos de mi caballo, no tardo en darme cuenta de que hay algo que no va bien. Desmonto y sigo a pie. El silencio lo engulle todo pero el lugar queda lejos de estar vacío. Un abrevadero lleno de agua ante el bar, pisadas recientes en la calle y ese olor - mis labios se curvan en una sonrisa- ese olor pasaría inadvertido para muchos, pero yo crecí rodeado de él: es el olor que impregna el aire cuando un arma ha sido disparada... quizá hace un día que pasó. Casi no se percibe con el otro olor, el que todos notarían: el de la muerte. En lo alto, tras las ventanas, veo ojos observándome: a lo sumo tres o cuatro personas. Y en el salón escucho ese ruido que se hace cuando estás oculto y no se quiere que te descubran. Apoyo mi espalda contra la pared junto a la entrada.
- ¡Sal!- grito
Al principio nada. Mas tarde escucho como alguien reza antes de aproximarse a la puerta con paso lento y dubitativo. Es un chico, me recuerda al que dejé vivir en el pueblo de la monja. No va armado y cuando me ve, el poco valor del que hizo acopio para acercarse a la entrada parece esfumarse.
- No me mates por favor...- está al borde del llanto
- Calla- le atajo con un ademán de mi mano- ¿Que ha pasado aquí?
El chaval rompe a llorar. Hace mucho que no lloro, prácticamente he olvidado que se siente al hacerlo. Le observo con paciencia.
- Un tipo con una cicatriz en la frente - mi ceño se frunce - Ha matado a mucha gente. No era humano, no puede serlo. Primero retó a alguien en el salón. Nadie quería, pero desenfundó y amenazó con matar a alguien si nadie se atrevía. Al final mi padre aceptó. Salieron ahí - me señala la calle principal y sus ojos vuelven a llenarse de lágrimas de dolor - Le mató... y luego...-
Me hace ademán de que me asome. Niego con la cabeza.
- No es necesario. ¿Cuantos hay?-
- Una veintena, todos con un disparo en la cabeza -"El cretino" es bueno, no me mató simplemente porque no quiso - Le mató y luego mató a gente que estaba mirando el duelo. Acto seguido se marchó, gritando que no mataba a más para que pudiéramos contártelo-el chico espera algún signo de sorpresa en mi que no llega - ¿Has venido a matarnos "asesino"?-
La pregunta me saca de mis pensamientos.
- ¿Estaban armados los veinte?-
- Sí, recargaba a toda velocidad. Jamás vi nada igual, intentaron desenfundar. La mitad no pudieron y la otra mitad no pudo ni tan solo disparar. ¿Vas a ir tras "el penitente"?-
El sobrenombre me hace curvar los labios.
- ¿"El penitente"?
- Sí, le llamo así, porque cuando dispara clava una rodilla en el suelo-
Echo una ojeada al local.
- Así que "el penitente" ¿Cuando pasó todo lo que me cuentas?-
- Ayer, ayer mismo. Dijo que volvería cuando hubiéramos cumplido nuestra función-
Mis ojos buscan por todas partes sin llegar a ver nada, pero hay algo...
- Escóndete, luego reúne a todos los que quedáis e iros al pueblo vecino-
- ¿Vas a matar...?-
No puede acabar la frase. Raudo me meto en el salón aunque se que si hubiera ido por mi, ahora estaría muerto. Se suceden los disparos y a estas alturas se que las pocas personas que se creían a salvo tras las ventanas jamás volverán a ver el sol. Saco la cabeza con cuidado y una bala me recuerda que no es muy buena idea. Aunque sé que así no quiere matarme, así no. Oculto escucho primero como cae mi caballo y después el inconfundible sonido de cascos alejándose. Salgo a la calle, pero no se ve nada. Dos olores se entremezclan en el aire, ambos muy familiares: muerte y pólvora. Ha podido matarme dos veces: está jugando. Me siento en el suelo con la espalda recostada contra la pared de madera y observo el viejo revolver con el cañón torcido. Sus ojos vuelven a mi cabeza... se que "el penitente" la matará si logra acabar conmigo, al igual que hará con muchos otros.
Me llaman "el asesino"...