Mucho antes de entrar a caballo en el siguiente pueblo, ya me di cuenta de que algo no andaba bien. Cuando el sol apuntaba al alba y mis ojos empezaban a abrirse tras otra larga noche de pesadillas, mi ira se ha encendido como una gran hoguera y se que las brasas durarán días. Ni rastro del "penitente" pero algo no marcha. Desmonto el caballo y esta vez lo dejo a salvo en lo que parece que algún día fue un establo. No hace falta ni tan solo intuirlo, los gritos vienen de todos lados anunciándome que pronto vendrán a buscarme. Me asomo a la calle y mis ojos se entornan al ver como cuatro tipos forcejean con una mujer que llora aterrada. Son cuatro... mala suerte... para ellos, claro. Salgo de mi escondite y mientras mi revolver escupe cuatro balas, acabando momentáneamente con los griteríos, me pregunto como es posible que no me vieran llegar. La mujer se me acerca entre lágrimas con las manos ocultas a su espalda y la ira que arde en mi interior hace que mi arma hable de nuevo. Ya no hay lágrimas, nunca más las habrá. Cuando cae apenas me fijo en la pistola que sale despedida de su mano antes de que su cuerpo inerte toque el suelo. Iba a matarme. Cinco tipos aparecen de la nada y una lluvia de disparos hace que tenga que ocultarme para recargar. Disparan llevados por una furia y un descontrol que provocará que esto sea una masacre. Me asomo y al poco los cinco besan la árida tierra que cubre la calle. La ira... hacía tiempo que no la sentía con tanta intensidad... ¡malditas pesadillas!. A este paso nadie podrá explicarme que está pasando porque todos estarán muertos. Dos nuevos "invitados" aparecen armados hasta los dientes, pero antes de que se den cuenta de que les ha pasado, uno ya está muerto y el otro morirá pronto. Me acerco a él con cautela y me agacho a su lado.
- "asssesino"- logra decir alargando la "S"
- ¿Que ha pasado aquí?-
- Fue aquel tipo, essse tipo que algún día te matará...-reconozco que me sorprenden sus palabras- llegó y cuando se fue todossss comenzamosss a matar...-
No logra terminar. Una bala silva y perfora su cabeza justo después de echarme a un lado y ocultarme tras unas balas de paja.
- ¡Veo que vas aprendiendo!-
Esa voz... esa voz es la suya.
- Aprendo deprisa "penitente"- respondo sin pensarlo dos veces.
- ¡Cuando acabe contigo, iré por ella!-
Se a quien se refiere y la ira hace crecer en mi una adrenalina que hace mucho aprendí a utilizar.
- Quizás lo hagas penitente, pero quizás no-
- ¡Jajaja!-
Salgo raudo de mi escondite y una de mis balas surca el aire. Al final, tal vez "el penitente" no sea tan listo como creía. El hablar repetidamente no ha sido una buena idea por su parte ya que me ha dado una idea sobre su posición. No hay palabras. Los segundos pasan lapidarios acompañados de un silencio que trae esperanza. Cuatro disparos golpean las balas de paja y unos cascotes se escuchan galopar alejándose.
- ¡Ha estado muy cerca "asesino", queda muy poco para el gran día... el día de tu muerte!-
Corro a buscar mi caballo y salgo cual rayo tras el hombre que hoy ya no estaba tan seguro de que va a matarme. Unas gotas de sangre en la tierra, hacen que me pregunte si le di o no.
- No le di, no es su sangre... pero estuvo mas cerca de lo que a él le habría gustado-
Sonriendo inundado de ira, salgo al galope tras un hombre que quizás no sea tal. A mi derecha un niño, el de siempre, me sonríe al dejar el pueblo en mi feroz persecución.
Me llaman "el asesino".

