
Cuando la vi venir no pude más que sonreír en una mueca. La oscuridad avanzaba inexorable en toda su magnitud y ya era inutil correr pues no había a donde huír. Uno cree estar preparado, pero cuando te engulle te percatas de que nadie puede estar preparado para algo así. Miedo, soledad, decepción, angustia, abandono, tristeza... cuando me percato de que sigo con la mueca en la cara, ya he absorvido demasiadas sensaciones como para reaccionar. Así que me quedo ahí: estático. Solo dura unos segundos, pero para cuando pasan, se que ya es tarde. Miro a mi alrededor y no hay nada que ver: solo oscuridad. Hablo y no queda nadie para responder: la oscuridad los ha engullido.
La fiebre y el dolor de estómago pasan a ser algo con lo que aprendo a convivir. Lo peor es lo que hay: oscuridad. Lo peor es darte cuenta. Lo peor llega cuando no sabes que hacer. Lo peor llega cuando no tienes palabras, cuando no sabes a donde ir, cuando no... LA encuentras. ¿Donde está?. Me siento y lloro. Cansado, solo... trato de pensar, pero no puedo. Lo fácil sería abandonarme... estirarme y esperar a que la oscuridad termine lo que empezó. Mi cabeza comienza a funcionar muy despacio. Casi escucho los engranajes acomplandose y queriendo protagonismo. Una idea, una sola, acude a mi como agua al sediento. No sin gran esfuerzo, me incorporo y comienzo a andar... a ciegas. Erase una vez un hombre que lo tenía todo. Erase una vez un hombre al que la oscuridad pretendía arrebatarselo todo. Erase una vez un hombre al que una idea, una por la que valia la pena luchar, le hizo revivir. Ese hombre, yo, camino a ciegas aguardando mas ideas, a decir verdad, cada vez mas impaciente, el tiempo apremia. De vez en cuando levanto la voz, todavía no se si para sentirme acompañado o si con la esperanza, de que alguien conteste...

No hay comentarios:
Publicar un comentario