
Me senté al sofá a eso de las 20.30 un cuarto de hora antes de que empezara la semifinal de la Champions League: Chelsea-Barça. En esos momentos, como por medio de un hechizo antiguo, solo ejecutable por un gran mago, todo se va de mi cabeza y sólo queda el partido. Ya no hay EREs, no hay malos rollos, no hay desilusiones... solo queda el Barça, mi Barça. La cosa se tuerce a poco de empezar con un golazo de Essien desde fuera del area. Nada que decir: el chutazo es imparable. Como tantas y tantas cosas en la vida: es imparable. Como tantas y tantas cosas en la vida: es inevitable. Y como tantas y tantas cosas en la vida, es un palo del que parece, mi Barça en este caso, las personas en muchos otros, no se vaya a recuperar. Pasan los minutos y llega el descanso con las mismas "¿malas?", noticias. Podría haber sido peor. Valdés ha "sacado" unas cuantas y han habido muchas jugadas dudosas en el area en las que quizás el arbitro podría haber pitado penalty. Lo primero que pienso es que podría ser mucho peor. Lo segundo me desanima cuando mi padre me dice:
- Están dominando.
Y yo le contesto dándome cuenta a medida que las palabras salen de mi boca.
- Pero no han tirado ni una sola vez...
Ni un solo tiro a puerta. Juegan mejor, merecen ganar, merece ir bien, merece cambiar, merece... pero empieza a parecer muy difícil. Como tantas y tantas cosas.
A poco de empezar la segunda parte la cosa sigue igual. Mucho dominio pero ni un solo tiro a puerta. El Chelsea sin hacer nada del otro mundo, absolutamente nada, podría haber metido algún gol más. Anelka, delantero del Chelsea, va a encarar portería y Abidal le derriba fuera del area. Tarjeta roja para este último. El Barça con 10. Poco importa que en la repetición se vea con claridad que no lo toca. ¿Poco? en realidad no importa nada. La cosa se pone imposible.
Entonces veo a Piqué, un chaval de la cantera, que sopla y resopla de cansancio. Le observo con atención. ¡Veo como sube al ataque! ¡Un defensa central! le veo correr arriba y abajo cuando se ve claro que no puede más. Un chaval cuya máxima ilusión era jugar en al Barça. Un chaval que lloraba cuando con 9 añitos perdía una final de copa contra el Real Madrid. Un chaval que mira a toda la gente que ha ido a apoyarlos a Londres, un chaval que piensa en todos los que están en casa mirando ese partido, un chaval con el corazón blaugrana desde muy pequeño... Me maravillo al darme cuenta de que siempre hace lo que yo haría: lo da todo. Ese chico que no puede más, sube a tratar de marcar un gol cuando es defensa. Sube pensando: "si mis compañeros no pueden marcarlo, si no pueden más, a mi aún me queda algo y les voy a ayudar". Consigue dos cosas en mi: una leve sonrisa y la sensación de que, pese a toda la ilusión, el corazón y las ganas que le pone, no va a servir. Como tantas y tantas veces.
Estamos en el minuto noventa y la cosa sigue igual: unos quieren jugar (el Barça) y otros no (el Chelsea). El Barça con un montón de gente de la cantera, pone todo lo que tiene y no se les puede decir nada. Todo corazón, todo lucha, todo sufrimiento y ya muy poquita fe. Piqué, Xavi, Valdés, Messi, Iniesta... TODOS echan el resto. Estamos en el descuento y yo con la cabeza gacha, me descubro pensando ¿cuantas veces en la vida pasa eso?, ¿verdad?¿cuantas veces ponemos el corazón, la ilusión, la esperanza... y no sirve de nada? Levanto la cabeza y me descubro resignado ante una metáfora de un todo inexplicable. Cuando levanto la cabeza veo a Alves subiendo la banda por 454950 vez: incansable. Piqué inicia la jugada desde la defensa (y corre otra vez al area a rematar ganandose, si es que todavía no lo tenía, el cariño de todos los culés) recibe Xavi, y abre a Alves. Este centra por primera vez bien en el partido. Hace que me siente mas al borde del sillón, pero veo que va demasiado larga. Hay un rechace, Eto'o no controla bien, Essien, el que marcaba un golazo tan solo empezar, falla en el despeje y se la da a Messi: nuestro Messi. Este conduce un poquito por el borde del area y pasa a Iniesta. Iniesta. Iniesta, un chaval al que su padre le pregunta muchas veces:
-¿Por que no chutas mas?
Y él le contesta:
- Papa, es que Eto'o va por el pichichi...
o
- Papa, es que Messi llevaba dos semanas sin marcar...
Iniesta el chaval que vino a Barcelona con doce añitos si mal no recuerdo. Iniesta uno de los mas queridos del vestuario por su humidad, su honestidad y su corazón. Iniesta, ese chaval al que su padre le pegaba bronca desde Albacete cuando le llamaba ilusionado desde las Ramblas donde se había escapado con un amiguete, a poco de llegar a Barcelona. Iniesta... Iniesta ese día chuta. El Barça no ha tirado ni una vez entre los tres palos. Iniesta tira, como el mismo diría despues: "con el corazón suyo y de todos los culés porque ya no tenía fuerzas". El portero del Chelsea se tira... pero no llega. Me descubro gritando como un loco abrazado a mi padre viendo a Iniesta corriendo y a todo el Barça tras él. Iniesta que apenas celebra los goles se quita la camiseta y corre con una emoción que jamás olvidaremos. Se tira al suelo y al poco se pierde entre una nube de jugadores que lo oculta.
Aún no ha pitado el final y me doy cuenta de que estoy llorando. Toda la ilusión, la entrega, la lucha... Hay un corner a favor del Chelsea, va a ser la última y sube hasta su portero. ¿Podría ser todo tan cruel?. Me descubro hablando en voz alta con la cara entre las manos rogando que se acabe ya. Hay un tiro del Chelsea, pero rebota en Eto'o, puede que en el brazo, pero está de espaldas. El estadio ruje y el corazón se me encoje.
- No,no, por favor, no...
El arbitro no pita nada y el partido termina. Todos los jugadores están terriblemente contentos y alguno, tan emocionado como yo cuando abrazo a mi padre. La ilusión, la lucha, la perseverancia, el no rendirse, el corazón... ha triunfado. Cuando todo parecía perdido: ha vencido. La fe en si mismos, en su forma de jugar, en todo lo que hacen... ha obrado el milagro. El Chelsea contra el Barça cambió su forma de jugar, su forma de "ser" y jugó al "no jugar". Parecía que iban a triunfar... Y mientras lloro con una sonrisa enorme viendo la repetición del gol que nos lleva a Roma, mientras recuerdo a Piqué subiendo a ayudar a sus compañeros, mientras me doy cuenta de que había olvidado que estabamos con diez, mientras escucho lo que dice Piqué con una sonrisa que no le cabe en el rostro, mientras oigo a Iniesta explicando lo del "corazón de todos en ese disparo", mientras recuerdo la celebración del gol con el banquillo saltando corriendo a abrazar a Iniesta... : me doy cuenta de que para mi es imposible no querer a este equipo. Cuando todo parecía ir de mal en peor, ese día, ese, llegó el Barça y con él Andrés Iniesta.