lunes, 25 de mayo de 2009

El pistolero II


Siempre que veo caer cada una de las gotas del wisky barato del bar del pueblo en el vaso, pienso cuando será mi último duelo. Llevo unos diez minutos sentado en la barra y el silencio sigue devorando todo el local. Algunos, los más valientes, se han atrevido a cuchichear por lo bajo preguntando a sus amigos si realmente era yo: el que llaman "el asesino". El rumor se acalló tan rápido como surgió. Nadie se atreve a salir. Nadie se atreve a hablar. Y sobretodo: nadie nunca me habla.
Al oír como entra en el local, sé que será el siguiente cuando mi vista no se levanta para observarlo. Es un acto reflejo, casi como respirar, como si pudiera... "olerlo". Paladeo el sorbo de wisky con cuidado, tratando de identificar algún sabor fuera de lo normal... no lo encuentro. De todos modos no beberé más. Toca salir a la calle y, como siempre, las doce están al caer.
Camino alerta. No sería la primera vez que alguno de mis rivales mira de querer sorprenderme mientras le doy la espalda. No pasará. No hay sorpresa. Solo hay una manera de ganarme: siendo mejor que yo.
Cargo mi revolver con una sola bala. De nuevo la gente se agolpa en la calle. De nuevo mi mirada se fija en la tierra. De nuevo me obligarán a hacerlo: ¿Cuando acabará todo esto? ¿Cuando podré vivir? ¿Cuando...? Alguien grita sacándome de mis pensamientos:
- ¡Acaba con el, "asesino"!-
Me sorprende que la voz sea la de un niño. No es fácil sorprenderme.
¡DONG! Levanto la cabeza por segunda vez en dos días.
¡DONG! El que ha chillado es el mismo niño. El mismo de ayer.
¡DONG! Esta vez no sonríe.
¡DONG! Sigue sin sonreír... ¿Por que? ¿Por que demonios no lo hace?
¡DONG! Observo el pulso de mi rival y no tiembla...
¡DONG! Sigue sin temblar y sigo sin ver la sonrisa...
¡DONG! El mismo niño... ¿Como es posible?
¡DONG! La cabeza del niño asiente en inequívoco gesto de afirmación.
¡DONG! Mi rival está extrañamente tranquilo.
¡DONG! Sigo sin ver la sonrisa. Algo no va bien, algo no va bien...
¡DONG! Todo tenía que cambiar a partir de ayer. ¡Todo tenía que cambiar!
¡DONG!
Esta vez son dos las balas que silban en el aire. Hacia tiempo, mucho tiempo que eso no pasaba. Mi disparo es certero, directo al corazón y mi rival cae. Su bala pasa cortando el aire a un par de metros de mí. No recuerdo cuando fue la última vez, si es que la hubo, en la que paso eso. El niño asiente con la cabeza y, ahora sí, sonríe antes de desaparecer entre la multitud. Hago algo inusual en mí. Me acerco hasta donde mi rival yace y observo su cara. Es la primera vez que lo hago. Sigo preguntándome por que el niño no ha sonreído. No me asombra que sea el mismo niño. No me asombra haberlo vuelto a ver. Lo que me sorprende, lo que me bombardea la cabeza es: ¿Por que no sonreíste hoy?. Doy media vuelta y, en medio del silencio, monto mi caballo y me marcho. No hay nada más que hacer aquí. Justo antes de abandonar el pueblo, un cartel llama mi atención. En él, está la cara de mi último oponente:
" Se busca, vivo o muerto..."
Las letras siguen con una explicación que ya no me interesa pues, mi duda, ha quedado despejada. Recuerdo al chaval y sonrío.
Me llaman "el asesino"...

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