domingo, 24 de mayo de 2009

El pistolero


Dicen que no soy rápido, que todo es gracias a las pistolas, a su empuñadura de sándalo, pero la realidad es que lo soy. Dicen que no tengo corazón y que, si lo tengo, no habita en él sentimiento alguno, pero sí lo tengo. Dicen que experimento una especie de éxtasis cada vez que mato, pero cuando eso pasa, que suele ser siempre que me bato en duelo, lo único que experimento es un vacío enorme en mi, la sensación de que otro pedacito de mi alma se evapora. Cada vez que venzo a uno de mis rivales, la leyenda se agranda. Cada vez que la leyenda se agranda, son mas las personas que me esperarán entre vitores y aplausos a la entrada del próximo pueblo. Me llaman " el asesino" y apenas unos pocos se dan cuenta de que los que claman sangre son ellos.
Cuando salgo a la calle y observo a mi oponente, no puedo evitar que una lágrima corra por mi mejilla, pero nadie se da cuenta. Mi rival, parece confiado... como todos. Hace mucho que ya no les miro a la cara, no quiero saber como son. No quiero seguir su mirada y dar con una mujer y tres niños animando tras la barrera. No quiero verles llorar después. Así que ya no les miro a la cara.
Cuando cargo el arma, lo hago con una única bala, pues no necesitaré otra. El reloj empieza a tocar a muerte sus doce letales campanadas y me es imposible no darme cuenta de que mi rival tiembla.
¡DONG! Su pulso tiembla, no tiene nada que hacer.
¡DONG! En breve caerá.
¡DONG! "El asesino" me llaman...
¡DONG! No puedo ocultarme por siempre, si pudiera...
¡DONG! No puedo permanecer solo aislado del mundo...
¡DONG! Seguro que sus ojos buscan a su mujer y a sus hijos...
¡DONG! Seguro que se arrepiente de estar donde está, casi puedo olerlo...
¡DONG! No soy un asesino, yo no pedí esto...
¡DONG! No soy culpable de querer vivir. Si pudiera cambiarlo todo.
¡DONG! Cometo el error de levantar la vista y ver a un niño llorando, seguro que uno de sus hijos. Me está mirando. Mueve la cabeza de lado a lado en claro gesto de que no haga lo que voy a hacer. A pesar de tener apenas ocho años Parece ser el más listo de todos los que hay.
¡DONG! De repente el niño me sonríe. Quizás...
¡DONG!
Cuando desenfundo aún sigo observando al niño y apenas soy consciente de que el único disparo que suena, es el mío. La bala silva y da en la mano de mi rival haciendo que su triste arma salga despedida, lejos. Se hace un silencio sepulcral entre la gente y es entonces cuando me doy cuenta de que estoy sonriendo. Agradecido, guiño el ojo al niño y monto mi caballo alejándome del poblado, asimilando con lágrimas de alegria en mis ojos, que hoy es el primer día del resto de mi vida. Solo espero encontrar en el próximo poblado, la única arma contra la que, acabo de darme cuenta, no puedo luchar, la única arma que puede salvarme. A partir de hoy, nunca más agacharé la cabeza pues podría encontrar entre la multitud el fabuloso poder de una sonrisa a tiempo.
Me llaman "el asesino"...

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