Poco a poco voy tomando conciencia de mi cuerpo. Las piedras clavándose en mi costado y el polvo llevado por la brisa entrando en mis labios. Abro los ojos muy despacio. El sol va cayendo buscando besar las montañas. A lo lejos se ve el poblado, junto a mí una bolsa en cuyo interior hay cecina, pan duro, agua y... una canana con un arma. Es vieja. Hago girar el tambor y la aproximo a mí cerrando un ojo. Lo que pensaba, el cañón está torcido y sor "ojos bonitos" sólo me ha dejado las seis balas. Me la acomodo en la cintura. Bueno, me pregunto como y por qué me han traído aquí. Mi primer impulso es volver al pueblo, pero todavía estoy débil.
-¿Y no era eso lo que querías? ¿Morir?-
Las palabras se forman en mis labios casi inconscientemente pero es cierto ¿no era eso lo que quería? Sería tan fácil como volver al poblado y entrar en el salón, allí alguien me retaría y... todo terminaría de una vez...
- pero y ¿"el cretino"? -
Que le den al cretino.
- ¿Y ELLA?-
Ella. Los ojos de la monja que me atendió se parecían tanto... ¿Que habrá sido de ella? Hace tanto tiempo... Pero, se aproxima un grupo de caballos, quizá al final no tenga que decidir nada. Son cinco tipos, todos armados. Se detienen junto a mi y me analizan de arriba abajo.
- Os dije que era él- le dice el más joven al de su vera. Apenas tendrá edad para afeitarse.
- Sí- su bigote frondoso apenas deja ver como se mueven sus labios cuando asiente con la cabeza- Tienes que venir con nosotros "asesino"-
- ¿Por que? - Tengo seis balas, son cinco tipos y no estoy ni de lejos en mi mejor momento, no creo que pueda hacerlo.
- Porque voy a matarte-
Al principio no se si sonríe o no hasta que lo advierto en sus ojos. Los demás ríen a carcajadas pero son los nervios los que mueven sus bocas. Resignado como tantas veces, asiento con la cabeza y nos dirigimos a la calle del pueblo.
Todos esperan. Algunos abren los ojos al verme. Otros tuercen la boca. Oigo algún comentario que prefiero omitir.
- Tú quédate aquí- me dice moviendo apenas el bigote.
Se aleja y se sitúa en el otro extremo de la calle. Parece confiado.
- Cuando toquen las siete. "Asesino", hoy se acabaron tus crímenes.-
La gente aplaude. Ni tan solo contesto a su provocación. Observo entre la multitud a la monja que me salvó: sus ojos fijos en los míos. Su mirada preocupada me trae tantos recuerdos que me hace temblar tanto que mi rival lo advierte.
- ¿Ya tiemblas? jajaja- la gente ríe.
Dejo caer mi bolsa. Vacío el cargador dejando sólo una bala y lo hago girar. Las risas se apagan.
¡DONG! El silencio devora todo lo que nos rodea.
¡DONG! Quizá esta sea mi hora. Busco sus ojos de nuevo recordando otros tiempos, otros lugares... siempre la amaré.
¡DONG! No miro la cara de mi rival y de reojo busco entre la gente. Me siento débil.
¡DONG! Creo que ha llegado mi momento.
¡DONG! Entre la multitud lo encuentro, una vez más: el niño. El niño sonríe.
¡DONG! La monja se cubre la cara con sus manos. Miro al chaval sin saber aún si podré hacerlo. Sinceramente no creo que pueda. No lo creía antes y sigo sin creerlo.
¡DONG!
Sólo suena un disparo, el mío. La desviación del cañón no ha supuesto un problema. La bala silva por el aire y da en la mano del tipo del bigote. El silencio ya ha hecho presa de todo el mundo probablemente hasta que me vaya. Busco al chico pero, como siempre, ya no está. Doy media vuelta y me dispongo a marcharme...
- ¡Eh! ¡Fue ella la que lo ayudó! -
Cargo el revolver con las cinco balas que me quedan y me giro tan rápido como siempre. Veo al chaval que apenas tiene edad para afeitarse cogiendo de la cintura a la monja que me salvó. Los otros cuatro tipos, incluido mi rival, se dirigen hacia donde grita el chico y la multitud se abre. Tres de ellos me apuntan. El chaval y mi rival están sujetando a la monja. Este último saca un cuchillo. Veo los ojos de la mujer y no puedo dejar de temblar.
- Te dije que hoy morirías "asesino"- la sangre mancha el hábito cuando aprieta un poco más con la hoja sobre el cuello - Y ahora morirá ella y luego tú ¿que harás?- la hoja se va hundiendo.
El niño aparece de nuevo, esta vez no sonríe y se limita a asentir con la cabeza. No hay tiempo.
Tan rápido de como soy capaz, cuatro balas silban en el aire. Luego me preguntaron si habían salido al mismo tiempo del revolver, cosa que es imposible. Solo se escuchan cinco disparos: cuatro míos y uno suyo. Uno de los tres tipos que me apuntaban ha logrado disparar y la bala se ha clavado en la tierra unos dos metros a mi derecha. Mis cuatro disparos le han matado a él, a sus dos compañeros y a mi rival... me queda una bala. El chico que apenas tiene edad para afeitarse escucha como sus compañeros caen al unísono. Sus ojos se abren como platos.
- ¡Es el demonio! ¡"asesino"!- grita alguien y la gente se disuelve atemorizada.
Quedamos yo, el chico y sor "ojos bonitos". Al principio no sabe si apuntarme a mi o a ella. Cuando estoy a su altura, su arma cae. Sus pantalones están mojados y se arrodilla implorando. Deja a mi salvadora caer y la recojo entre mis brazos.
- Vete - sus ojos tratan de sonsacarme una explicación que no voy a darle- ¡Vete!- el chico aprieta a correr dejando su arma en el suelo.
La herida en el cuello es grave pero vivirá. En el mismo convento la curarán. La gente me observa tras ventanas... escondida a la vuelta de la esquina. Cuando veo sus ojos los recuerdos hacen aflorar un par de lágrimas a los míos.
- ¡Como alguien ose hacerle daño...!- mi voz es como un trueno- ¡NO habrá lugar en el mundo donde podáis esconderos! ¡Me oís!-
La gente tiembla tras sus ventanas. Cojo el caballo de mi rival, su munición y me dirijo al convento donde curarán esa fea herida. Me siento débil, pero creía no poder y pude sin demasiados problemas... ese niño que siempre aparece...
Me llaman "el asesino"...


