
Cuando cruzas el desierto no hay nadie que te anime. Cuando todos tus esfuerzos se basan en poner un pie delante del otro, llegas a olvidar como y cuando empezó la travesía. Me llaman"el asesino", aunque jamás maté a nadie que no tratara de matarme.
Cuando el sol sube, cuando sus rayos te alcanzan con furia... cuando la boca empieza a segregar aquella sustancia blanca que se posa en las comisuras de los labios, cuando sabes que parar sería igual a morir, cuando sabes que si tropiezas y caes no podrás levantarte... El desierto es el peor de los rivales a los que me he enfrentado. Y no, no hay nada que pueda decir, no hay palabra que pueda hacer comprender a nadie lo que significa esta afirmación. Aquí no hay gente que te odia, no hay gente que grita aterrada, no hay quien te mire con respeto, no hay palabras amables... aquí estoy solo. Cuando hace tiempo que no me enfrento a este rival temible, tiendo a olvidar lo que es realmente no tener un alma alrededor. Mi caballo murió hace días y debo decir sin demasiado orgullo que es gracias a él que yo sigo vivo... Esta es una prueba muy dura, no solo me enfrento a la enorme pegada del sol, al arduo camino sobre la tierra, no, aquí me enfrento a algo, a alguien... a mí. Todavía le doy vueltas a lo de mi caballo, pero ¿que podía hacer? el animal se caía, no podía más y... sus ojos, esos ojos me suplicaron que... Tampoco entonces fui "el asesino" que todos dicen que soy, pero...
- ¡Eh! ¡Tú!-
Al principio de este infierno habría advertido su presencia desde hacía rato. Pero en el estado en el que me encuentro, doy gracias a Dios por haber oído su voz.
- ¡Tú! ¿Que llevas ahí?-
Sus dedos señalan mis cartucheras. Y una sonrisa aflora en mis labios.
- ¿Se puede saber de que coño te ríes?-
No respondo.
- Maldito sea el chiflado este- desenfunda y me apunta con su arma- ¿que de que coño te ríes?-
- Me has salvado-
- ¿Que?- risas- Creo que no me has entendido. Dame los revólveres y vivirás... hoy al menos- me apunta a la cabeza.
Está fresco y su caballo también lo que me devuelve toda esperanza. Dudé todo este tiempo sobre si caminaba o no en la dirección correcta. Es seguro que me he desviado, pero ahora se tambien que el pueblo del cretino no anda lejos.
- Ultimo aviso amigo. Dame los revólveres y tu vida correrá a TU suerte-
El cretino no creo que lo sea tanto. Es suficientemente listo para saber que vengo de lejos, quizás muy lejos y que muchos no habrían llegado donde estoy. Su pulso apenas tiembla y sus ojos me gritan que habla en serio. Si todo esto hubiera pasado al iniciar mi marcha el tipo estaría muerto hace rato. Me desabrocho la canana y se la lanzo. El cretino la recoge y observa complacido el botín. Sólo me queda una duda y la respuesta podría matarme: ¿sabrá quien soy?
El cretino de cicatriz en la frente que resultó no serlo tanto, monta su negro corcel y me lanza una última mirada. Quizás hoy termine todo, quizás ahora se acabe, quizás este sea mi fin... ¿obtendré al fin la paz que tanto anelo? Si me mata como si no, el cretino, como le dije, me ha salvado... del desierto como poco.
- Adiós, para siempre- el tipo levanta el arma y un sonido ensordecedor, como si escupiera lava el mismo infierno, sale del cañón . La bala pasa silbando rozándome el cuello y provocándome una herida... quizá de muerte, en ese momento no lo se. Tirado en el suelo, escucho los cascos del caballo cuando se aleja al galope. Estoy sangrando. Raudo arranco una de mis mangas y aprieto con fuerza con la tela contra la herida. No moriré. Cuando me levanto se que pronto estaré fuera del desierto y la duda que me asalta es : ¿El cretino se cree tan bueno que cree haberme herido de tal modo que mi muerte será cuestión de minutos, horas...? o ¿ El cretino es tan bueno que me ha dejado vivir por algún motivo que desconozco? Es la primera persona que me hiere desde hace años. Le encontraré, recuperaré mis armas y luego... Quizá le mate yo, quizá él... ganaré de todos modos.
Me llaman "el asesino"...

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