miércoles, 16 de septiembre de 2009

El pistolero VIII


Mucho antes de entrar a caballo en el siguiente pueblo, ya me di cuenta de que algo no andaba bien. Cuando el sol apuntaba al alba y mis ojos empezaban a abrirse tras otra larga noche de pesadillas, mi ira se ha encendido como una gran hoguera y se que las brasas durarán días. Ni rastro del "penitente" pero algo no marcha. Desmonto el caballo y esta vez lo dejo a salvo en lo que parece que algún día fue un establo. No hace falta ni tan solo intuirlo, los gritos vienen de todos lados anunciándome que pronto vendrán a buscarme. Me asomo a la calle y mis ojos se entornan al ver como cuatro tipos forcejean con una mujer que llora aterrada. Son cuatro... mala suerte... para ellos, claro. Salgo de mi escondite y mientras mi revolver escupe cuatro balas, acabando momentáneamente con los griteríos, me pregunto como es posible que no me vieran llegar. La mujer se me acerca entre lágrimas con las manos ocultas a su espalda y la ira que arde en mi interior hace que mi arma hable de nuevo. Ya no hay lágrimas, nunca más las habrá. Cuando cae apenas me fijo en la pistola que sale despedida de su mano antes de que su cuerpo inerte toque el suelo. Iba a matarme. Cinco tipos aparecen de la nada y una lluvia de disparos hace que tenga que ocultarme para recargar. Disparan llevados por una furia y un descontrol que provocará que esto sea una masacre. Me asomo y al poco los cinco besan la árida tierra que cubre la calle. La ira... hacía tiempo que no la sentía con tanta intensidad... ¡malditas pesadillas!. A este paso nadie podrá explicarme que está pasando porque todos estarán muertos. Dos nuevos "invitados" aparecen armados hasta los dientes, pero antes de que se den cuenta de que les ha pasado, uno ya está muerto y el otro morirá pronto. Me acerco a él con cautela y me agacho a su lado.
- "asssesino"- logra decir alargando la "S"
- ¿Que ha pasado aquí?-
- Fue aquel tipo, essse tipo que algún día te matará...-reconozco que me sorprenden sus palabras- llegó y cuando se fue todossss comenzamosss a matar...-
No logra terminar. Una bala silva y perfora su cabeza justo después de echarme a un lado y ocultarme tras unas balas de paja.
- ¡Veo que vas aprendiendo!-
Esa voz... esa voz es la suya.
- Aprendo deprisa "penitente"- respondo sin pensarlo dos veces.
- ¡Cuando acabe contigo, iré por ella!-
Se a quien se refiere y la ira hace crecer en mi una adrenalina que hace mucho aprendí a utilizar.
- Quizás lo hagas penitente, pero quizás no-
- ¡Jajaja!-
Salgo raudo de mi escondite y una de mis balas surca el aire. Al final, tal vez "el penitente" no sea tan listo como creía. El hablar repetidamente no ha sido una buena idea por su parte ya que me ha dado una idea sobre su posición. No hay palabras. Los segundos pasan lapidarios acompañados de un silencio que trae esperanza. Cuatro disparos golpean las balas de paja y unos cascotes se escuchan galopar alejándose.
- ¡Ha estado muy cerca "asesino", queda muy poco para el gran día... el día de tu muerte!-
Corro a buscar mi caballo y salgo cual rayo tras el hombre que hoy ya no estaba tan seguro de que va a matarme. Unas gotas de sangre en la tierra, hacen que me pregunte si le di o no.
- No le di, no es su sangre... pero estuvo mas cerca de lo que a él le habría gustado-
Sonriendo inundado de ira, salgo al galope tras un hombre que quizás no sea tal. A mi derecha un niño, el de siempre, me sonríe al dejar el pueblo en mi feroz persecución.
Me llaman "el asesino".

martes, 15 de septiembre de 2009

El pistolero VII


Cuando era pequeño, los pueblos rebosaban optimismo y felicidad. Cada pared, cada casa, cada persona te hablaba de algo importante que hoy día tanto escasea: ilusión. Mi padre siempre me decía que tenía que aprender lo mas rápido posible que todo el mundo tiene algo que enseñarme… “esta es una lección que algún día podría salvarte la vida”.
Me llaman "el asesino" y voy tras un hombre, un tipo que ha sembrado de cadáveres el pueblo en el que me encuentro. El chico que yace a mis pies le apodó: "el penitente". Evalúo la situación en la que me encuentro. Podría volver al poblado de “sor ojos bonitos" o dejar que se marche, dejar que siga matando... Por otro lado, no tengo caballo y tratar de seguir a pie no sería buena idea. Aunque llegase a alcanzarlo, estaría tan cansado que mi misión sería suicida. Observo el viejo revolver que quizás tenga que salvarme la vida algún día. ¿Cuantas decisiones erróneas habré tomado a lo largo de los años?
- Muchas, pero he necesitado y necesitaré equivocarme muchas veces para aprender- me respondo en voz alta.
Me incorporo. Vuelvo la cabeza a izquierda y derecha: A un lado una falsa tranquilidad, al otro una incertidumbre con cierto regusto de muerte. En estas estoy cuando escucho el galope de un caballo aproximándose a toda velocidad. Me oculto aunque no creo que sea él, ya me ha demostrado que una entrada de este tipo en mi presencia no sería de su estilo.
Salgo de mi escondite enseguida. No es él, aunque quien aparece me causa sorpresa: es el chico que deje con vida, el chico que apenas tendrá edad para afeitarse.
Cuando me ve desmonta y trata de decir algo sin demasiado éxito. Me tiene miedo.
- Quiero ir contigo. Por favor.-
Tardo en responder y el chico tiembla. Sus ojos se clavan en el cuerpo que descansa a mis pies.
- No he sido yo- me anticipo- Aunque esta claro que ahora ya poco importa-
Observo ambas direcciones de nuevo y comienzo a caminar hacia la única opción.
- ¿Donde vas? ¡Llévame contigo!-
Detengo mis pasos sin volverme siquiera.
- Chico, créeme, no quieres venir a donde voy-
- Pero...-
- Si no te maté fue por algo, algo que pronto descubrirás. Y si no te maté, no querré que mueras en mis brazos-
- Pero...-
- Tu lugar no está a mi lado - me vuelvo y le observo, apenas puede disimular algún que otro temblor de los muchos que recorren su escuálido cuerpo.
Rompe a llorar hincando las rodillas en el suelo. Me acerco y poso mi mano en su hombro.
- Chico, mi padre me enseñó muchas cosas y una de ellas fue una frase que me acompaña cada día- Levanta la cabeza, sus ojos llenos de lágrimas me traen recuerdos... tantos recuerdos...
- Pero... no puedo volver, mi sitio no está allí ¿Por que no me mataste? ¿¡Por que...!?
- Porque querías morir
El llanto se apaga en su boca y poco a poco se incorpora. Su expresión ahora de sorpresa, dibuja una pregunta sin palabras.
- Simplemente lo se.
- ¿Que te decía tu padre "asesino"?
Cuando acaba la frase es consciente de lo que acaba de decir y los temblores empiezan de nuevo. Si me acordase de como se hace, reiría.
- Mi padre me hizo prometerle que sólo moriría de un modo
- ¿De un modo? ¿Cual?
- Que el otro sea mejor que yo.
El chico entorna los ojos. Parece buscar en su cabeza la llave de la frase que acabo de pronunciar.
- Vuelve al pueblo.
- Pero...
El chico es cabezota, cuantos recuerdos...
- Está bien- saco una bala del cinto, le saco la pólvora y la coloco de pie sobre el canto del abrevadero. Cojo a mi inesperado invitado del brazo y caminamos veinte pasos. Saco mi revolver y se lo doy.
- Dispara- me mira algo incrédulo.
- ¿A que?-
- A aquella bala.
- ¡Pero si apenas la veo!
- Si le das, podrás venir conmigo.
- ¡Es imposible!
- Aunque no lo creas, eres capaz de darle
Su cara cambia, cuando coge el arma de mis manos.
- El cañón está curvado- dice sin darle demasiada importancia pues sabe que yo ya lo se.
- Tú tranquilo y respira, nadie trata de matarte ahora, estamos solos tú y yo- hacia tiempo que no hablaba tanto con una persona, pero la curiosidad de comprobar algo me puede.
Los temblores casi cesan. Su respiración se pausa hasta que logra mantener el pulso firme. Sus ojos se entornan buscando algo que apenas puede ver. Ha sabido que el cañón era curvo en cuanto sus manos han tocado la pistola. Un silencio absoluto nos envuelve y me confirma algo que supe desde el primer momento que le vi: es como yo, tiene como me dijo mi padre: "el don". Tiene mucho que aprender, jamás dará en el blanco, pero...
El silencio es roto por un sonido familiar. La bala silva en el aire rumbo a su objetivo... que por supuesto no cae. Los temblores vuelven a sacudir el cuerpo del chico.
- Era muy difícil... imposible...
Raudo le arrebato el revolver deseando que no se haya percatado de lo que estoy viendo. En cuanto la cojo aprieto el gatillo... y el casquillo cae por el impacto. Sus ojos se clavan en mí y desprenden una admiración que hacía mucho no recibía.
- No puedes venir, vuelve al poblado.
Asiente sin rechistar y sus pasos se alejan poco a poco.
- Cógelo, te hará falta más que a mi- dice señalando el caballo- ¡Algún día lo haré e iré contigo!
Observo como se marcha con cierta pena. Me dirijo al casquillo caído y lo recojo murmurando.
- Algún día no chico, ya lo has hecho, solo que perdiste la concentración, de no haberla perdido, habrías visto el casquillo bailando apunto de caer tras tu disparo- sonrió- Tuve que disparar muy rápido y aún así no estaba seguro de que no te hubieras percatado.
Me gustaría enseñarle, quizá... frunzo el ceño dejando salir el aire de los pulmones. Monto a caballo y me dirijo hacia donde hace algunas horas se marchó "el penitente", impregnado de una sensación que cada vez va cobrando mas fuerza: voy a morir.

Me llaman "el asesino".

lunes, 17 de agosto de 2009

El pistolero VI



No ha sido fácil dejar el pueblo. Cada vez que pienso en sus ojos, afloran en mi recuerdos que creía enterrados. Me he quedado el arma que me dio, no quiero pensar por qué. Me llaman "el asesino" y voy tras el último hombre que logró herirme. Cuando todo termine... en fin.
El pueblo vecino, que debe albergar una treintena de personas, está muy cerca del de "sor ojos bonitos". Cuando entro en él a lomos de mi caballo, no tardo en darme cuenta de que hay algo que no va bien. Desmonto y sigo a pie. El silencio lo engulle todo pero el lugar queda lejos de estar vacío. Un abrevadero lleno de agua ante el bar, pisadas recientes en la calle y ese olor - mis labios se curvan en una sonrisa- ese olor pasaría inadvertido para muchos, pero yo crecí rodeado de él: es el olor que impregna el aire cuando un arma ha sido disparada... quizá hace un día que pasó. Casi no se percibe con el otro olor, el que todos notarían: el de la muerte. En lo alto, tras las ventanas, veo ojos observándome: a lo sumo tres o cuatro personas. Y en el salón escucho ese ruido que se hace cuando estás oculto y no se quiere que te descubran. Apoyo mi espalda contra la pared junto a la entrada.
- ¡Sal!- grito
Al principio nada. Mas tarde escucho como alguien reza antes de aproximarse a la puerta con paso lento y dubitativo. Es un chico, me recuerda al que dejé vivir en el pueblo de la monja. No va armado y cuando me ve, el poco valor del que hizo acopio para acercarse a la entrada parece esfumarse.
- No me mates por favor...- está al borde del llanto
- Calla- le atajo con un ademán de mi mano- ¿Que ha pasado aquí?
El chaval rompe a llorar. Hace mucho que no lloro, prácticamente he olvidado que se siente al hacerlo. Le observo con paciencia.
- Un tipo con una cicatriz en la frente - mi ceño se frunce - Ha matado a mucha gente. No era humano, no puede serlo. Primero retó a alguien en el salón. Nadie quería, pero desenfundó y amenazó con matar a alguien si nadie se atrevía. Al final mi padre aceptó. Salieron ahí - me señala la calle principal y sus ojos vuelven a llenarse de lágrimas de dolor - Le mató... y luego...-
Me hace ademán de que me asome. Niego con la cabeza.
- No es necesario. ¿Cuantos hay?-
- Una veintena, todos con un disparo en la cabeza -"El cretino" es bueno, no me mató simplemente porque no quiso - Le mató y luego mató a gente que estaba mirando el duelo. Acto seguido se marchó, gritando que no mataba a más para que pudiéramos contártelo-el chico espera algún signo de sorpresa en mi que no llega - ¿Has venido a matarnos "asesino"?-
La pregunta me saca de mis pensamientos.
- ¿Estaban armados los veinte?-
- Sí, recargaba a toda velocidad. Jamás vi nada igual, intentaron desenfundar. La mitad no pudieron y la otra mitad no pudo ni tan solo disparar. ¿Vas a ir tras "el penitente"?-
El sobrenombre me hace curvar los labios.
- ¿"El penitente"?
- Sí, le llamo así, porque cuando dispara clava una rodilla en el suelo-
Echo una ojeada al local.
- Así que "el penitente" ¿Cuando pasó todo lo que me cuentas?-
- Ayer, ayer mismo. Dijo que volvería cuando hubiéramos cumplido nuestra función-
Mis ojos buscan por todas partes sin llegar a ver nada, pero hay algo...
- Escóndete, luego reúne a todos los que quedáis e iros al pueblo vecino-
- ¿Vas a matar...?-
No puede acabar la frase. Raudo me meto en el salón aunque se que si hubiera ido por mi, ahora estaría muerto. Se suceden los disparos y a estas alturas se que las pocas personas que se creían a salvo tras las ventanas jamás volverán a ver el sol. Saco la cabeza con cuidado y una bala me recuerda que no es muy buena idea. Aunque sé que así no quiere matarme, así no. Oculto escucho primero como cae mi caballo y después el inconfundible sonido de cascos alejándose. Salgo a la calle, pero no se ve nada. Dos olores se entremezclan en el aire, ambos muy familiares: muerte y pólvora. Ha podido matarme dos veces: está jugando. Me siento en el suelo con la espalda recostada contra la pared de madera y observo el viejo revolver con el cañón torcido. Sus ojos vuelven a mi cabeza... se que "el penitente" la matará si logra acabar conmigo, al igual que hará con muchos otros.
Me llaman "el asesino"...

sábado, 11 de julio de 2009

El pistolero V


Poco a poco voy tomando conciencia de mi cuerpo. Las piedras clavándose en mi costado y el polvo llevado por la brisa entrando en mis labios. Abro los ojos muy despacio. El sol va cayendo buscando besar las montañas. A lo lejos se ve el poblado, junto a mí una bolsa en cuyo interior hay cecina, pan duro, agua y... una canana con un arma. Es vieja. Hago girar el tambor y la aproximo a mí cerrando un ojo. Lo que pensaba, el cañón está torcido y sor "ojos bonitos" sólo me ha dejado las seis balas. Me la acomodo en la cintura. Bueno, me pregunto como y por qué me han traído aquí. Mi primer impulso es volver al pueblo, pero todavía estoy débil.
-¿Y no era eso lo que querías? ¿Morir?-
Las palabras se forman en mis labios casi inconscientemente pero es cierto ¿no era eso lo que quería? Sería tan fácil como volver al poblado y entrar en el salón, allí alguien me retaría y... todo terminaría de una vez...
- pero y ¿"el cretino"? -
Que le den al cretino.
- ¿Y ELLA?-
Ella. Los ojos de la monja que me atendió se parecían tanto... ¿Que habrá sido de ella? Hace tanto tiempo... Pero, se aproxima un grupo de caballos, quizá al final no tenga que decidir nada. Son cinco tipos, todos armados. Se detienen junto a mi y me analizan de arriba abajo.
- Os dije que era él- le dice el más joven al de su vera. Apenas tendrá edad para afeitarse.
- Sí- su bigote frondoso apenas deja ver como se mueven sus labios cuando asiente con la cabeza- Tienes que venir con nosotros "asesino"-
- ¿Por que? - Tengo seis balas, son cinco tipos y no estoy ni de lejos en mi mejor momento, no creo que pueda hacerlo.
- Porque voy a matarte-
Al principio no se si sonríe o no hasta que lo advierto en sus ojos. Los demás ríen a carcajadas pero son los nervios los que mueven sus bocas. Resignado como tantas veces, asiento con la cabeza y nos dirigimos a la calle del pueblo.
Todos esperan. Algunos abren los ojos al verme. Otros tuercen la boca. Oigo algún comentario que prefiero omitir.
- Tú quédate aquí- me dice moviendo apenas el bigote.
Se aleja y se sitúa en el otro extremo de la calle. Parece confiado.
- Cuando toquen las siete. "Asesino", hoy se acabaron tus crímenes.-
La gente aplaude. Ni tan solo contesto a su provocación. Observo entre la multitud a la monja que me salvó: sus ojos fijos en los míos. Su mirada preocupada me trae tantos recuerdos que me hace temblar tanto que mi rival lo advierte.
- ¿Ya tiemblas? jajaja- la gente ríe.
Dejo caer mi bolsa. Vacío el cargador dejando sólo una bala y lo hago girar. Las risas se apagan.
¡DONG! El silencio devora todo lo que nos rodea.
¡DONG! Quizá esta sea mi hora. Busco sus ojos de nuevo recordando otros tiempos, otros lugares... siempre la amaré.
¡DONG! No miro la cara de mi rival y de reojo busco entre la gente. Me siento débil.
¡DONG! Creo que ha llegado mi momento.
¡DONG! Entre la multitud lo encuentro, una vez más: el niño. El niño sonríe.
¡DONG! La monja se cubre la cara con sus manos. Miro al chaval sin saber aún si podré hacerlo. Sinceramente no creo que pueda. No lo creía antes y sigo sin creerlo.
¡DONG!
Sólo suena un disparo, el mío. La desviación del cañón no ha supuesto un problema. La bala silva por el aire y da en la mano del tipo del bigote. El silencio ya ha hecho presa de todo el mundo probablemente hasta que me vaya. Busco al chico pero, como siempre, ya no está. Doy media vuelta y me dispongo a marcharme...
- ¡Eh! ¡Fue ella la que lo ayudó! -
Cargo el revolver con las cinco balas que me quedan y me giro tan rápido como siempre. Veo al chaval que apenas tiene edad para afeitarse cogiendo de la cintura a la monja que me salvó. Los otros cuatro tipos, incluido mi rival, se dirigen hacia donde grita el chico y la multitud se abre. Tres de ellos me apuntan. El chaval y mi rival están sujetando a la monja. Este último saca un cuchillo. Veo los ojos de la mujer y no puedo dejar de temblar.
- Te dije que hoy morirías "asesino"- la sangre mancha el hábito cuando aprieta un poco más con la hoja sobre el cuello - Y ahora morirá ella y luego tú ¿que harás?- la hoja se va hundiendo.
El niño aparece de nuevo, esta vez no sonríe y se limita a asentir con la cabeza. No hay tiempo.
Tan rápido de como soy capaz, cuatro balas silban en el aire. Luego me preguntaron si habían salido al mismo tiempo del revolver, cosa que es imposible. Solo se escuchan cinco disparos: cuatro míos y uno suyo. Uno de los tres tipos que me apuntaban ha logrado disparar y la bala se ha clavado en la tierra unos dos metros a mi derecha. Mis cuatro disparos le han matado a él, a sus dos compañeros y a mi rival... me queda una bala. El chico que apenas tiene edad para afeitarse escucha como sus compañeros caen al unísono. Sus ojos se abren como platos.
- ¡Es el demonio! ¡"asesino"!- grita alguien y la gente se disuelve atemorizada.
Quedamos yo, el chico y sor "ojos bonitos". Al principio no sabe si apuntarme a mi o a ella. Cuando estoy a su altura, su arma cae. Sus pantalones están mojados y se arrodilla implorando. Deja a mi salvadora caer y la recojo entre mis brazos.
- Vete - sus ojos tratan de sonsacarme una explicación que no voy a darle- ¡Vete!- el chico aprieta a correr dejando su arma en el suelo.
La herida en el cuello es grave pero vivirá. En el mismo convento la curarán. La gente me observa tras ventanas... escondida a la vuelta de la esquina. Cuando veo sus ojos los recuerdos hacen aflorar un par de lágrimas a los míos.
- ¡Como alguien ose hacerle daño...!- mi voz es como un trueno- ¡NO habrá lugar en el mundo donde podáis esconderos! ¡Me oís!-
La gente tiembla tras sus ventanas. Cojo el caballo de mi rival, su munición y me dirijo al convento donde curarán esa fea herida. Me siento débil, pero creía no poder y pude sin demasiados problemas... ese niño que siempre aparece...
Me llaman "el asesino"...

domingo, 5 de julio de 2009

El pistolero IV


Pensaba que no duraría tanto. Cuando "el cretino" se fue, pensaba que pronto saldría del desierto, pero no ha sido así. Sin caballo, armas, fuerzas y muy muy poca voluntad, estuve apunto de arrojar la toalla a las 13h del tercer día. Fue el humo el que me sacó de mi ensimismamiento, de mi dejadez. Hace mucho que ya no pienso, pensar es muy mala idea cuando juegas contra ti mismo. Me llaman "el asesino" y voy camino de mi salvación, aunque esto signifique morir.
Cuando entro en el pueblo, la gente pasa a mi alrededor como pasaba el viento en el desierto. Nadie se percata de que mi cercanía a la muerte es alarmante. Nadie me pregunta. Nadie me mira a los ojos. Un episodio que tantas y tantas veces se ha repetido en mi vida. Caigo.
Hay una laguna inmensa en mi cabeza desde que besé el suelo hasta que desperté, pero cuando mis ojos se abren y mis sentidos perciben, la suavidad de las sábanas y la sensación impagable de "estar a salvo" inundan mis percepciones.
- Te recogí a la entrada del pueblo-
Una voz habla pero aún me cuesta creer que sea a mi.
- Te he curado la herida del cuello. Junto a ti hay comida, una camisa limpia y algo de agua-
La voz es femenina. Sigo sin creer que se esté dirigiendo a mi.
- Estoy en la habitación de al lado. Si necesitas lo que sea, solo dilo.-
Cuando la puerta se cierra me percato de lo mucho que me cuesta moverme. Miro a mi alrededor y observo una estancia pequeña y humilde pero muy limpia. Como y bebo con moderación y me pregunto cuanto hará que estoy aquí. Me visto y me quejo un poco al darme cuenta de que apenas puedo moverme. Mi tenue quejido es suficiente para que ella entre.
- ¿Estás bien? ¡NO! ¡Todavía no debes levantarte!-
Hacía tiempo que no veía unos ojos tan bonitos. No se de que color es su pelo, pero a juzgar por sus cejas puedo aventurar a decir que negro. Sus atuendos no me dejan ver más que una cara que invita a conversar y unos ojos que me otorgan algo que perdí hace tiempo: la esperanza.
- Te recojimos hace tres días y te trajimos al convento- hace un ademán de arriba abajo con su mano impidiéndome hablar- A pesar de lo que hemos escuchado sobre ti, nosotras no juzgamos a las personas por lo que escuchamos. Nos limitamos a ayudar a los que lo necesitan y tú lo necesitas.-
El exceso de amabilidad me abruma y no puedo evitar que sus ojos me recuerden a los de ELLA. Su mera visión me provoca un vértigo que me hace cerrar los párpados.
- Debes descansar-
Soy incapaz de negarme.
- Duerme y repón fuerzas. Aquí estás a salvo.-
Cuando la puerta se cierra tras ella, una lágrima recorre mi mejilla al evocar recuerdos del pasado... Esos ojos son iguales a los de ELLA...
Cuando Morfeo me envuelve entre sus brazos mi último pensamiento vuela mucho, mucho tiempo atrás...
Me llaman "el asesino"....

viernes, 3 de julio de 2009

El pistolero III


Cuando cruzas el desierto no hay nadie que te anime. Cuando todos tus esfuerzos se basan en poner un pie delante del otro, llegas a olvidar como y cuando empezó la travesía. Me llaman"el asesino", aunque jamás maté a nadie que no tratara de matarme.
Cuando el sol sube, cuando sus rayos te alcanzan con furia... cuando la boca empieza a segregar aquella sustancia blanca que se posa en las comisuras de los labios, cuando sabes que parar sería igual a morir, cuando sabes que si tropiezas y caes no podrás levantarte... El desierto es el peor de los rivales a los que me he enfrentado. Y no, no hay nada que pueda decir, no hay palabra que pueda hacer comprender a nadie lo que significa esta afirmación. Aquí no hay gente que te odia, no hay gente que grita aterrada, no hay quien te mire con respeto, no hay palabras amables... aquí estoy solo. Cuando hace tiempo que no me enfrento a este rival temible, tiendo a olvidar lo que es realmente no tener un alma alrededor. Mi caballo murió hace días y debo decir sin demasiado orgullo que es gracias a él que yo sigo vivo... Esta es una prueba muy dura, no solo me enfrento a la enorme pegada del sol, al arduo camino sobre la tierra, no, aquí me enfrento a algo, a alguien... a mí. Todavía le doy vueltas a lo de mi caballo, pero ¿que podía hacer? el animal se caía, no podía más y... sus ojos, esos ojos me suplicaron que... Tampoco entonces fui "el asesino" que todos dicen que soy, pero...
- ¡Eh! ¡Tú!-
Al principio de este infierno habría advertido su presencia desde hacía rato. Pero en el estado en el que me encuentro, doy gracias a Dios por haber oído su voz.
- ¡Tú! ¿Que llevas ahí?-
Sus dedos señalan mis cartucheras. Y una sonrisa aflora en mis labios.
- ¿Se puede saber de que coño te ríes?-
No respondo.
- Maldito sea el chiflado este- desenfunda y me apunta con su arma- ¿que de que coño te ríes?-
- Me has salvado-
- ¿Que?- risas- Creo que no me has entendido. Dame los revólveres y vivirás... hoy al menos- me apunta a la cabeza.
Está fresco y su caballo también lo que me devuelve toda esperanza. Dudé todo este tiempo sobre si caminaba o no en la dirección correcta. Es seguro que me he desviado, pero ahora se tambien que el pueblo del cretino no anda lejos.
- Ultimo aviso amigo. Dame los revólveres y tu vida correrá a TU suerte-
El cretino no creo que lo sea tanto. Es suficientemente listo para saber que vengo de lejos, quizás muy lejos y que muchos no habrían llegado donde estoy. Su pulso apenas tiembla y sus ojos me gritan que habla en serio. Si todo esto hubiera pasado al iniciar mi marcha el tipo estaría muerto hace rato. Me desabrocho la canana y se la lanzo. El cretino la recoge y observa complacido el botín. Sólo me queda una duda y la respuesta podría matarme: ¿sabrá quien soy?
El cretino de cicatriz en la frente que resultó no serlo tanto, monta su negro corcel y me lanza una última mirada. Quizás hoy termine todo, quizás ahora se acabe, quizás este sea mi fin... ¿obtendré al fin la paz que tanto anelo? Si me mata como si no, el cretino, como le dije, me ha salvado... del desierto como poco.
- Adiós, para siempre- el tipo levanta el arma y un sonido ensordecedor, como si escupiera lava el mismo infierno, sale del cañón . La bala pasa silbando rozándome el cuello y provocándome una herida... quizá de muerte, en ese momento no lo se. Tirado en el suelo, escucho los cascos del caballo cuando se aleja al galope. Estoy sangrando. Raudo arranco una de mis mangas y aprieto con fuerza con la tela contra la herida. No moriré. Cuando me levanto se que pronto estaré fuera del desierto y la duda que me asalta es : ¿El cretino se cree tan bueno que cree haberme herido de tal modo que mi muerte será cuestión de minutos, horas...? o ¿ El cretino es tan bueno que me ha dejado vivir por algún motivo que desconozco? Es la primera persona que me hiere desde hace años. Le encontraré, recuperaré mis armas y luego... Quizá le mate yo, quizá él... ganaré de todos modos.
Me llaman "el asesino"...

lunes, 25 de mayo de 2009

El pistolero II


Siempre que veo caer cada una de las gotas del wisky barato del bar del pueblo en el vaso, pienso cuando será mi último duelo. Llevo unos diez minutos sentado en la barra y el silencio sigue devorando todo el local. Algunos, los más valientes, se han atrevido a cuchichear por lo bajo preguntando a sus amigos si realmente era yo: el que llaman "el asesino". El rumor se acalló tan rápido como surgió. Nadie se atreve a salir. Nadie se atreve a hablar. Y sobretodo: nadie nunca me habla.
Al oír como entra en el local, sé que será el siguiente cuando mi vista no se levanta para observarlo. Es un acto reflejo, casi como respirar, como si pudiera... "olerlo". Paladeo el sorbo de wisky con cuidado, tratando de identificar algún sabor fuera de lo normal... no lo encuentro. De todos modos no beberé más. Toca salir a la calle y, como siempre, las doce están al caer.
Camino alerta. No sería la primera vez que alguno de mis rivales mira de querer sorprenderme mientras le doy la espalda. No pasará. No hay sorpresa. Solo hay una manera de ganarme: siendo mejor que yo.
Cargo mi revolver con una sola bala. De nuevo la gente se agolpa en la calle. De nuevo mi mirada se fija en la tierra. De nuevo me obligarán a hacerlo: ¿Cuando acabará todo esto? ¿Cuando podré vivir? ¿Cuando...? Alguien grita sacándome de mis pensamientos:
- ¡Acaba con el, "asesino"!-
Me sorprende que la voz sea la de un niño. No es fácil sorprenderme.
¡DONG! Levanto la cabeza por segunda vez en dos días.
¡DONG! El que ha chillado es el mismo niño. El mismo de ayer.
¡DONG! Esta vez no sonríe.
¡DONG! Sigue sin sonreír... ¿Por que? ¿Por que demonios no lo hace?
¡DONG! Observo el pulso de mi rival y no tiembla...
¡DONG! Sigue sin temblar y sigo sin ver la sonrisa...
¡DONG! El mismo niño... ¿Como es posible?
¡DONG! La cabeza del niño asiente en inequívoco gesto de afirmación.
¡DONG! Mi rival está extrañamente tranquilo.
¡DONG! Sigo sin ver la sonrisa. Algo no va bien, algo no va bien...
¡DONG! Todo tenía que cambiar a partir de ayer. ¡Todo tenía que cambiar!
¡DONG!
Esta vez son dos las balas que silban en el aire. Hacia tiempo, mucho tiempo que eso no pasaba. Mi disparo es certero, directo al corazón y mi rival cae. Su bala pasa cortando el aire a un par de metros de mí. No recuerdo cuando fue la última vez, si es que la hubo, en la que paso eso. El niño asiente con la cabeza y, ahora sí, sonríe antes de desaparecer entre la multitud. Hago algo inusual en mí. Me acerco hasta donde mi rival yace y observo su cara. Es la primera vez que lo hago. Sigo preguntándome por que el niño no ha sonreído. No me asombra que sea el mismo niño. No me asombra haberlo vuelto a ver. Lo que me sorprende, lo que me bombardea la cabeza es: ¿Por que no sonreíste hoy?. Doy media vuelta y, en medio del silencio, monto mi caballo y me marcho. No hay nada más que hacer aquí. Justo antes de abandonar el pueblo, un cartel llama mi atención. En él, está la cara de mi último oponente:
" Se busca, vivo o muerto..."
Las letras siguen con una explicación que ya no me interesa pues, mi duda, ha quedado despejada. Recuerdo al chaval y sonrío.
Me llaman "el asesino"...

domingo, 24 de mayo de 2009

El pistolero


Dicen que no soy rápido, que todo es gracias a las pistolas, a su empuñadura de sándalo, pero la realidad es que lo soy. Dicen que no tengo corazón y que, si lo tengo, no habita en él sentimiento alguno, pero sí lo tengo. Dicen que experimento una especie de éxtasis cada vez que mato, pero cuando eso pasa, que suele ser siempre que me bato en duelo, lo único que experimento es un vacío enorme en mi, la sensación de que otro pedacito de mi alma se evapora. Cada vez que venzo a uno de mis rivales, la leyenda se agranda. Cada vez que la leyenda se agranda, son mas las personas que me esperarán entre vitores y aplausos a la entrada del próximo pueblo. Me llaman " el asesino" y apenas unos pocos se dan cuenta de que los que claman sangre son ellos.
Cuando salgo a la calle y observo a mi oponente, no puedo evitar que una lágrima corra por mi mejilla, pero nadie se da cuenta. Mi rival, parece confiado... como todos. Hace mucho que ya no les miro a la cara, no quiero saber como son. No quiero seguir su mirada y dar con una mujer y tres niños animando tras la barrera. No quiero verles llorar después. Así que ya no les miro a la cara.
Cuando cargo el arma, lo hago con una única bala, pues no necesitaré otra. El reloj empieza a tocar a muerte sus doce letales campanadas y me es imposible no darme cuenta de que mi rival tiembla.
¡DONG! Su pulso tiembla, no tiene nada que hacer.
¡DONG! En breve caerá.
¡DONG! "El asesino" me llaman...
¡DONG! No puedo ocultarme por siempre, si pudiera...
¡DONG! No puedo permanecer solo aislado del mundo...
¡DONG! Seguro que sus ojos buscan a su mujer y a sus hijos...
¡DONG! Seguro que se arrepiente de estar donde está, casi puedo olerlo...
¡DONG! No soy un asesino, yo no pedí esto...
¡DONG! No soy culpable de querer vivir. Si pudiera cambiarlo todo.
¡DONG! Cometo el error de levantar la vista y ver a un niño llorando, seguro que uno de sus hijos. Me está mirando. Mueve la cabeza de lado a lado en claro gesto de que no haga lo que voy a hacer. A pesar de tener apenas ocho años Parece ser el más listo de todos los que hay.
¡DONG! De repente el niño me sonríe. Quizás...
¡DONG!
Cuando desenfundo aún sigo observando al niño y apenas soy consciente de que el único disparo que suena, es el mío. La bala silva y da en la mano de mi rival haciendo que su triste arma salga despedida, lejos. Se hace un silencio sepulcral entre la gente y es entonces cuando me doy cuenta de que estoy sonriendo. Agradecido, guiño el ojo al niño y monto mi caballo alejándome del poblado, asimilando con lágrimas de alegria en mis ojos, que hoy es el primer día del resto de mi vida. Solo espero encontrar en el próximo poblado, la única arma contra la que, acabo de darme cuenta, no puedo luchar, la única arma que puede salvarme. A partir de hoy, nunca más agacharé la cabeza pues podría encontrar entre la multitud el fabuloso poder de una sonrisa a tiempo.
Me llaman "el asesino"...

Muere lentamente

Muere lentamente quien no viaja,
quien no lee,
quien no oye música,
quien no encuentra gracia en sí mismo.
Muere lentamente
quien destruye su amor propio,
quien no se deja ayudar.
Muere lentamente
quien se transforma en esclavo del hábito
repitiendo todos los días los mismos
trayectos,
quien no cambia de marca,
no se atreve a cambiar el color de su
vestimenta
o bien no conversa con quien no
conoce.
Muere lentamente
quien evita una pasión y su remolino
de emociones,
justamente estas que regresan el brillo
a los ojos y restauran los corazones
destrozados.
Muere lentamente
quien no gira el volante cuando esta infeliz
con su trabajo, o su amor,
quien no arriesga lo cierto ni lo incierto para ir
detrás de un sueño
quien no se permite, ni siquiera una vez en su vida,
huir de los consejos sensatos...
¡Vive hoy!
¡Arriesga hoy!
¡Hazlo hoy!
¡No te dejes morir lentamente!

¡NO TE IMPIDAS SER FELIZ!

Pablo Neruda

martes, 12 de mayo de 2009

Y entonces llegó Iniesta...


Me senté al sofá a eso de las 20.30 un cuarto de hora antes de que empezara la semifinal de la Champions League: Chelsea-Barça. En esos momentos, como por medio de un hechizo antiguo, solo ejecutable por un gran mago, todo se va de mi cabeza y sólo queda el partido. Ya no hay EREs, no hay malos rollos, no hay desilusiones... solo queda el Barça, mi Barça. La cosa se tuerce a poco de empezar con un golazo de Essien desde fuera del area. Nada que decir: el chutazo es imparable. Como tantas y tantas cosas en la vida: es imparable. Como tantas y tantas cosas en la vida: es inevitable. Y como tantas y tantas cosas en la vida, es un palo del que parece, mi Barça en este caso, las personas en muchos otros, no se vaya a recuperar. Pasan los minutos y llega el descanso con las mismas "¿malas?", noticias. Podría haber sido peor. Valdés ha "sacado" unas cuantas y han habido muchas jugadas dudosas en el area en las que quizás el arbitro podría haber pitado penalty. Lo primero que pienso es que podría ser mucho peor. Lo segundo me desanima cuando mi padre me dice:
- Están dominando.
Y yo le contesto dándome cuenta a medida que las palabras salen de mi boca.
- Pero no han tirado ni una sola vez...
Ni un solo tiro a puerta. Juegan mejor, merecen ganar, merece ir bien, merece cambiar, merece... pero empieza a parecer muy difícil. Como tantas y tantas cosas.
A poco de empezar la segunda parte la cosa sigue igual. Mucho dominio pero ni un solo tiro a puerta. El Chelsea sin hacer nada del otro mundo, absolutamente nada, podría haber metido algún gol más. Anelka, delantero del Chelsea, va a encarar portería y Abidal le derriba fuera del area. Tarjeta roja para este último. El Barça con 10. Poco importa que en la repetición se vea con claridad que no lo toca. ¿Poco? en realidad no importa nada. La cosa se pone imposible.
Entonces veo a Piqué, un chaval de la cantera, que sopla y resopla de cansancio. Le observo con atención. ¡Veo como sube al ataque! ¡Un defensa central! le veo correr arriba y abajo cuando se ve claro que no puede más. Un chaval cuya máxima ilusión era jugar en al Barça. Un chaval que lloraba cuando con 9 añitos perdía una final de copa contra el Real Madrid. Un chaval que mira a toda la gente que ha ido a apoyarlos a Londres, un chaval que piensa en todos los que están en casa mirando ese partido, un chaval con el corazón blaugrana desde muy pequeño... Me maravillo al darme cuenta de que siempre hace lo que yo haría: lo da todo. Ese chico que no puede más, sube a tratar de marcar un gol cuando es defensa. Sube pensando: "si mis compañeros no pueden marcarlo, si no pueden más, a mi aún me queda algo y les voy a ayudar". Consigue dos cosas en mi: una leve sonrisa y la sensación de que, pese a toda la ilusión, el corazón y las ganas que le pone, no va a servir. Como tantas y tantas veces.
Estamos en el minuto noventa y la cosa sigue igual: unos quieren jugar (el Barça) y otros no (el Chelsea). El Barça con un montón de gente de la cantera, pone todo lo que tiene y no se les puede decir nada. Todo corazón, todo lucha, todo sufrimiento y ya muy poquita fe. Piqué, Xavi, Valdés, Messi, Iniesta... TODOS echan el resto. Estamos en el descuento y yo con la cabeza gacha, me descubro pensando ¿cuantas veces en la vida pasa eso?, ¿verdad?¿cuantas veces ponemos el corazón, la ilusión, la esperanza... y no sirve de nada? Levanto la cabeza y me descubro resignado ante una metáfora de un todo inexplicable. Cuando levanto la cabeza veo a Alves subiendo la banda por 454950 vez: incansable. Piqué inicia la jugada desde la defensa (y corre otra vez al area a rematar ganandose, si es que todavía no lo tenía, el cariño de todos los culés) recibe Xavi, y abre a Alves. Este centra por primera vez bien en el partido. Hace que me siente mas al borde del sillón, pero veo que va demasiado larga. Hay un rechace, Eto'o no controla bien, Essien, el que marcaba un golazo tan solo empezar, falla en el despeje y se la da a Messi: nuestro Messi. Este conduce un poquito por el borde del area y pasa a Iniesta. Iniesta. Iniesta, un chaval al que su padre le pregunta muchas veces:
-¿Por que no chutas mas?
Y él le contesta:
- Papa, es que Eto'o va por el pichichi...
o
- Papa, es que Messi llevaba dos semanas sin marcar...
Iniesta el chaval que vino a Barcelona con doce añitos si mal no recuerdo. Iniesta uno de los mas queridos del vestuario por su humidad, su honestidad y su corazón. Iniesta, ese chaval al que su padre le pegaba bronca desde Albacete cuando le llamaba ilusionado desde las Ramblas donde se había escapado con un amiguete, a poco de llegar a Barcelona. Iniesta... Iniesta ese día chuta. El Barça no ha tirado ni una vez entre los tres palos. Iniesta tira, como el mismo diría despues: "con el corazón suyo y de todos los culés porque ya no tenía fuerzas". El portero del Chelsea se tira... pero no llega. Me descubro gritando como un loco abrazado a mi padre viendo a Iniesta corriendo y a todo el Barça tras él. Iniesta que apenas celebra los goles se quita la camiseta y corre con una emoción que jamás olvidaremos. Se tira al suelo y al poco se pierde entre una nube de jugadores que lo oculta.
Aún no ha pitado el final y me doy cuenta de que estoy llorando. Toda la ilusión, la entrega, la lucha... Hay un corner a favor del Chelsea, va a ser la última y sube hasta su portero. ¿Podría ser todo tan cruel?. Me descubro hablando en voz alta con la cara entre las manos rogando que se acabe ya. Hay un tiro del Chelsea, pero rebota en Eto'o, puede que en el brazo, pero está de espaldas. El estadio ruje y el corazón se me encoje.
- No,no, por favor, no...
El arbitro no pita nada y el partido termina. Todos los jugadores están terriblemente contentos y alguno, tan emocionado como yo cuando abrazo a mi padre. La ilusión, la lucha, la perseverancia, el no rendirse, el corazón... ha triunfado. Cuando todo parecía perdido: ha vencido. La fe en si mismos, en su forma de jugar, en todo lo que hacen... ha obrado el milagro. El Chelsea contra el Barça cambió su forma de jugar, su forma de "ser" y jugó al "no jugar". Parecía que iban a triunfar... Y mientras lloro con una sonrisa enorme viendo la repetición del gol que nos lleva a Roma, mientras recuerdo a Piqué subiendo a ayudar a sus compañeros, mientras me doy cuenta de que había olvidado que estabamos con diez, mientras escucho lo que dice Piqué con una sonrisa que no le cabe en el rostro, mientras oigo a Iniesta explicando lo del "corazón de todos en ese disparo", mientras recuerdo la celebración del gol con el banquillo saltando corriendo a abrazar a Iniesta... : me doy cuenta de que para mi es imposible no querer a este equipo. Cuando todo parecía ir de mal en peor, ese día, ese, llegó el Barça y con él Andrés Iniesta.

miércoles, 29 de abril de 2009

El sueño


- "¡Has GANADO!"-
La neblina se va despejando en mi mente y poco a poco empiezo a asociar la voz y los sonidos que vienen de lejos.
- ¡A comer!-
La oscuridad vuelve a envolverlo todo, como cada día, y a penas soy consciente de que sólo era un sueño... el mismo sueño.
Me siento en la cama y alzo los brazos al cielo con una mueca en la cara a la que algún poco observador, habría llamado sonrisa. El mismo sueño. El mismo de siempre y, como siempre, solo soy capaz de recordar la última maldita frase: "Has ganado". Sigo sin saber que narices he ganado.
- ¡A comer!-
Sentado en la cama trato de hacer memoria. Tan solo logro que mi mente me revele una oscuridad que no me deja ver mas allá de la frase. "Has ganado". Indice y pulgar derechos se encuentran en la mitad de la frente cómo si así fuera mas fácil recordar. Pero como cada día, me resulta imposible.
- ¡A comer!-
- ¡Ya voy!- casi grito.
"Has ganado". Sí, recuerdo el tono de voz grave, profundo... de aquellos que parecen penetrar en tu alma cuando los escuchas. Algo es algo. Pero sigo sin saber...
La comida pasa sin novedad. Una tele encendida. Una charla distendida. Cubiertos que chocan con platos. Vasos que vaciamos. Vasos que llenamos...
Tras la comida sugiero una siesta. A lo que ella se apunta como casi cada tarde.
Me tumbo en la cama, nos abrazamos y el sueño me envuelve... Un último pensamiento: "Quizá
esta vez..."
Para cuando ella me despierta tardo en ser consciente de que estoy sudando. Para cuando me doy cuenta de que es la persona que mas quiero quien me abraza, hago lo único que puedo hacer dada la situación: llorar.
- ¿Que pasa cariño? ¿Que pasa?-
Su voz me llega de lejos. Parezco estar en el fondo de un pozo. Los temblores van pasando. "Has ganado". Una voz grave y profunda...
- ¿Cariño? ya pasó, ya pasó... ¿Una pesadilla? ¿Otra vez el mismo sueño?-
Una voz grave y profunda, una voz de mujer: "Has ganado" "¿Que he ganado?" recuerdo... recuerdo... lágrimas por mis mejillas...
- ¿Tesoro? estoy aquí contigo, estoy aquí...-
Una voz grave... cuando recordaba oscuridad, no era que no recordara: era ella, ELLA. "Has ganado" "¿Que he ganado?"... Un día no me dirá la frase. Ese día es inevitable, no solo para mi: para todos. Cada día el mismo sueño. ¿Por que yo?. Ahora que lo se, no quiero saberlo. "Has ganado" "¿Que he ganado?"... Hay cosas que son mejor no saberlas...
Abrazo a mi amor como nunca la he abrazado y nuestros corazones parecen fundirse en un solo latir. Los temblores van pasando. Una sonrisa aflora en mis labios.
- Ya se me pasa, ya se me pasa... Gracias mi vida- le digo poniendo mi barbilla sobre su hombro al abrazarla. Soy consciente de que todavía lloro. Jamás podré olvidarla: una peculiar y diferente Oscuridad , feminidad, la voz grave y profunda...
- "Has ganado"- afirma cada día
- "¿Que he ganado?"- Ahora recuerdo que pregunto también a diario. Y es entonces cuando ELLA responde:
- "Hoy también vivirás. Ya veremos mañana"

martes, 28 de abril de 2009

El columpio


En cuanto termino con la comida, pido permiso a mis padres y salgo corriendo por la puerta. Para cuando llego a mi destino, la carrera me deja exhausto. Con mi destino alcanzado, solo queda esperar a que venga, siempre viene, tarde o ¿quizá vengo yo pronto? da igual, siempre viene. Solo hay una cosa que podría hacer que no se parase allí a jugar y sería que el columpio estuviera ocupado.
Para hacer tiempo, observo a las hormigas trabajar. ¡Todas a una!, ¡no pierden el orden!, ¡cada una sabe lo que tiene que hacer y como hacerlo! ¡no se pelean! ¡no...jo!. Mi corazón se acelera, mis piernas comienzan a flaquear y mi respiración parece insuficiente para darme ese aire que tanto necesito cuando ella aparece. Aguardo y observo como se aproxima al columpio... como cada sábado desdé que la vi por primera vez en mi décimo cumpleaños: ¡hace casi un año ya de aquello!.
Mi amigo Juan, dice que me gusta: ¡No tiene ni idea!. Cuando traté de explicarle como es su sonrisa, se burló de mi, me empezó a chinchar... ¡Bah! es un crio, ¡solo tiene 9 años!. La verdad es que no se si me gusta o no, yo solo se que cuando la veo sonreír en el columpio, mi tripita se llena como de mariposas, mi corazón va mas deprisa, me siento bien... y sonretodo: No puedo dejar de sonreír.
Arriba, abajo, arriba, abajo... nunca me ha visto o... ¡eso creo! ¡que verguenza pasaría! No puedo ni imginarme si se lo contara a Juan y se enteraran los demás... Arriba, abajo, arriba, abajo... Que bien me siento, ¡buf!, que sonrisa mas bonita, el tiempo parece pararse y sin embargo también parece volar... arriba, abajo, arriba, abajo... no puedo dejar de sonreír... arriba, abajo, arriba, abajo, arriba... cada vez mas fuerte. Ahora saltará cuando esté arriba del todo y caerá de pie haciendo aquello que hacen las gimnastas... ¡oh! ¡se ha caido! ¡está llorando!.
Sin pensarlo demasiado, porque si lo hubiera pensado no lo habría hecho, corro con toda la velocidad que me dan mis piernecitas que algún día serán fuertes y grandes. LLego junto a ella:
- ¿Estás bien?
Ella levanta la cabeza y me mira con los ojos llenos de lágrimas. Me agacho y veo que tiene una pequeña rascada en la rodilla.
- ¿Te duele?
Pero ella no mira la rascada, me mira a mi, y ya no está llorando. Sus ojos están clavados en mi boca y una sonrisa enorme decora su cara con luces, estrellas... y de repente me doy cuenta de que la sonrisa sigue en mis labios, como cuando ella no me veía, como cuando, oculto, observaba su valanceo: arriba, abajo, arriba, abajo, como cuando ella... Un calor enorme me enciende la cara y sin pensar, de nuevo sin pensar, la ayudo a levantarse, ella se sienta en el columpio, yo la doy impulso... mi tripita se llena como de mariposas, mi corazón va mas deprisa, me siento bien... y sobretodo: No puedo dejar de sonreír.

domingo, 5 de abril de 2009

He robado el mes de Abril


Cuando conduces de vuelta a casa después de que todo cobre luz de nuevo, los colores cambian. El azul, el rojo, el amarillo... todos los colores adquieren un nuevo brillo. Mientras piso el embrague y pongo la quinta, me pregunto si "los tiros" de la frase: "todo depende del color del cristal con que se mira" irán por ahí. Con mi vista habituada ya a este nuevo mundo, busco con torpeza algo de música en la radio y suena Sabina:
- "¿Quien me ha robado el mes de abril?. ¿Como pudo sucederme a mi?.
¿Quien me ha robado el mes de abril? Lo guardaba en el cajón, donde guardo el
corazón."

Habré escuchado esa canción cientos de veces. Lo consideraba un buen tema, pero ahora:
ese punteo de guitarra, esa batería y la voz tan particular del gran Sabina, entran por mis oídos como si nunca la hubiera escuchado. Encuentro esa letra que cuenta una serie de historias tristes, muy buena. En definitiva, me doy cuenta de que percibo la canción como nunca lo hice antes y me encanta.
Saco un cigarrilo y al encenderlo sonrío. Advierto como hay cigarros que saben mucho mejor que otros.
Una sonrisa de la que me percato, hace rato que está dibujada en mis labios, me recuerda permanentemente el porque de todo este nuevo mundo... recuerdo sus ojos, su sonrisa, sus palabras... que hace unos pocos minutos veía, escuchaba... y que adornan mi universo con las mejores galas posibles. Miro la nueva luna mientras exhalo una larga calada y no puedo evitar preguntarme entre risas como ha podido Sabina darse cuenta, de que fui yo el que "le he robado el mes de abril al hombre del traje gris..." pero lo que Sabina no sabe, es que ese ladrón, me había robado previamente a mi el mes de Marzo. Hoy tengo Abril y el mundo sonríe. Aparcado el coche, apunto de apagar la radio, pienso en ella, miro a mi alrededor todo el nuevo mundo que me rodea y se que nunca mas volveré a preguntarme si la magia existe :
- Nada puede estar mas claro ¿eh Sabina?- afirmo en voz alta mientras guardo el frontal en la guantera.

jueves, 2 de abril de 2009

He observado y observo


He observado el mundo de los humanos durante milenios, he visto cosas que harían poner la piel de gallina al más valeroso de los mortales. Aún recuerdo como despreciasteis cada uno de mis regalos cuando solo era un niño y continuáis haciéndolo hoy:
- Papa!- dije con la ilusión aflorando por los poros de mi ser- tengo algo fantástico!.
- Que es?- me preguntó él, fumando la pipa que tantas veces humeaba en días como aquel.
Le alargué lo que con tanto mimo y cuidado había fabricado. Él, tras unos segundos de análisis, me sonrió devolviéndome mi gran tesoro:
- No funcionará- dijo tajante, volviéndose para contemplar como toda su creación se encaminaba hacia una destrucción segura.
Yo acaricié el, a mi juicio, gran hallazgo, preguntándome porque algo tan bello no iba a tener el resultado imaginado.
- Por que? Por que no sirve?- pregunté decepcionado y desolado ante una respuesta inesperada.
Mi padre se levantó de la silla desde donde siempre observaba con lágrimas en los ojos las evoluciones de una raza singular: la humana, y caminó en círculos, pensativo, lanzándome de vez en cuando alguna que otra mirada de soslayo.
- Yo ya no creo en ellos- dijo al fin.
- Pero yo sí!- grité frunciendo el ceño ante tan inesperada respuesta- déjame intentarlo, déjame dárselo...
El, tras una breve pausa durante la cual, siendo sincero, no supe que decir, acabó por acceder, eso sí, sin dejar de negar con la cabeza. Feliz, me aproximé al borde del abismo desde donde se contemplaba el universo y lancé mi regalo con todas las fuerzas hacia ese mundo tan singular. La onda expansiva del choque del mismo hizo brillar con luz propia todo cuanto podíamos observar.
- Acércate- me dijo mi padre, del cual emanaba esa sensación de pesadumbre que tan a menudo le sobrecogía.
Al asomarme al abismo y centrar mi atención, observé algo que me dejó perplejo: mi regalo, había sido recogido por todos, pero nadie lo estaba utilizando.
- Pero...Por que?- pregunté sin comprender absolutamente nada… Nadie usaba mi regalo, y este llevaba por nombre: amor.
- Fíjate hijo, ellos saben que lo tienen, creen usarlo. Sin embargo, no lo hacen, pero están convencidos de hacerlo.
Durante los años que siguieron, hasta hace poco, lancé diversos regalos que fui bautizando con nombres peculiares, estos eran: ilusión, amistad, tolerancia, respeto, comprensión... pero ninguno funcionó, todos tuvieron idéntico resultado: una aplicación escasa de cosas con infinitas posibilidades. Hoy, han pasado milenios desde aquel primer día. He esperado ansioso al principio, resignado al final, buscando una pequeña luz en tan inmensa oscuridad. Observé durante mucho tiempo complacido y con la ilusión emanando de mi, el hecho de que algunos utilizaban mis regalos... pero una y otra vez me percataba de que nadie los usaba como podría. Por que? Todo les iría mejor? Por que? Por que demonios no...?. Hace tiempo que ya no he fabricado nada. Hace mucho que ya no les observo tan a menudo, ya solo lo hago de tanto en cuando, pues me produce dolor hacerlo. La ilusión de las primeras veces se ha ido evaporando. Continúo aguardando que los seres humanos utilicen todo lo que les he dado... Mi hija, Esperanza se llama, me pidió hace milenios algo muy peculiar, me pidió "permanecer" una temporada en ese singular mundo. Hace mucho ya que no la veo y su estancia en el atípico planeta no parece aportar nada nuevo a esos extraños seres. Se hace querer... quizás la encuentren a faltar cuando ya no esté...Comienzo a echarla de menos... quizás la haga volver a mi lado y le pida que traiga consigo todos los regalos que durante generaciones hemos ido lanzando y que tan ingratamente han recogido... quizás lo haga... un día de estos

Oscuridad


Cuando la vi venir no pude más que sonreír en una mueca. La oscuridad avanzaba inexorable en toda su magnitud y ya era inutil correr pues no había a donde huír. Uno cree estar preparado, pero cuando te engulle te percatas de que nadie puede estar preparado para algo así. Miedo, soledad, decepción, angustia, abandono, tristeza... cuando me percato de que sigo con la mueca en la cara, ya he absorvido demasiadas sensaciones como para reaccionar. Así que me quedo ahí: estático. Solo dura unos segundos, pero para cuando pasan, se que ya es tarde. Miro a mi alrededor y no hay nada que ver: solo oscuridad. Hablo y no queda nadie para responder: la oscuridad los ha engullido.
La fiebre y el dolor de estómago pasan a ser algo con lo que aprendo a convivir. Lo peor es lo que hay: oscuridad. Lo peor es darte cuenta. Lo peor llega cuando no sabes que hacer. Lo peor llega cuando no tienes palabras, cuando no sabes a donde ir, cuando no... LA encuentras. ¿Donde está?. Me siento y lloro. Cansado, solo... trato de pensar, pero no puedo. Lo fácil sería abandonarme... estirarme y esperar a que la oscuridad termine lo que empezó. Mi cabeza comienza a funcionar muy despacio. Casi escucho los engranajes acomplandose y queriendo protagonismo. Una idea, una sola, acude a mi como agua al sediento. No sin gran esfuerzo, me incorporo y comienzo a andar... a ciegas. Erase una vez un hombre que lo tenía todo. Erase una vez un hombre al que la oscuridad pretendía arrebatarselo todo. Erase una vez un hombre al que una idea, una por la que valia la pena luchar, le hizo revivir. Ese hombre, yo, camino a ciegas aguardando mas ideas, a decir verdad, cada vez mas impaciente, el tiempo apremia. De vez en cuando levanto la voz, todavía no se si para sentirme acompañado o si con la esperanza, de que alguien conteste...